El cerrojo

Un gerente alemán fue puesto a cargo en una unidad de negocios brasilera en Río. Cuando llamó a su primera reunión general a las 9am, se quedó atónito al ver a la gente pasear casualmente durante los primeros 15 minutos de la reunión. Entonces advirtió a su equipo que este tipo de comportamiento no iba a ser tolerado y que desde el día siguiente, la puerta de la sala de conferencias sería cerrada 1 minuto luego de las 9, y quienes no estuviesen para esa hora serán excluidos de la reunión.

El gerente quedó satisfecho porque en la siguiente reunión nadie llegó tarde. De hecho, nadie nunca llegó tarde a ninguna de sus reuniones.

  1. ¿Qué opinan de la conducta del gerente alemán?
  2. ¿Qué impacto podría tener su método en el equipo brasileño?
  3. ¿Qué hubieses hecho en lugar del gerente alemán?

Respuesta de ICEBERG Consulting:

Aunque el caso parezca simple en una primera instancia, involucra un conflicto cultural profundo que puede llegar a determinar el éxito o el fracaso de un gerente en la gestión de un equipo intercultural. Muchas de las respuestas y comentarios al caso se han enfocado a resaltar la importancia de la puntualidad y el respeto en el tiempo de las personas. Estos argumentos son irrefutables en determinadas culturas, pero no tanto en otras. Mantener una relación personal en el trabajo suele ser un ingrediente clave para aspirar a una eficiencia y las reuniones suelen ser el espacio para hacerlo.

Este episodio ilustra la importancia de que un gerente global aprenda cómo las cosas se hacen en la cultura de destino, para lograr los objetivos de su asignación de una manera culturalmente consistente. El gerente alemán estaba tan inmiscuido en su propio sistema de valores que comprometió la efectividad de su cargo.  Es realmente un desafío obtener la lealtad y entusiasmo de las personas si se intenta imponer una forma determinada de trabajo. Esto no implica que el gerente no deba promover una cultura que estimule la puntualidad, sino que la forma de lograrlo tiene que ser sensible a las preferencias de trabajo existentes. 

Con el crecimiento de los equipos globales, la posibilidad del fracaso se encuentra a la vuelta de la esquina. Actuar con inteligencia cultural no significa que se deban abandonar los valores personales. Significa que se reconocen las señales culturales y se adaptan a ellas. Por supuesto que para poder hacer esto, es necesario suspender los prejuicios y adaptar las tácticas mientras se mantiene el objetivo claramente en mente. El objetivo no se compromete, sino que se buscan métodos alternativos culturalmente adaptativos para alcanzarlo. No te olvides que forzar a las personas a hacer las cosas a “tu manera” llevará al resultado menos productivo.

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